Este es el segundo capitulo de «Franco La Historia Frente a la memoria», un estudio detallado de las cifras de victimas, demostrando, basado en los límites sobre el computo general de fallecidos violentamente elaborado por el INE y algunos historiadores, que relacionan las victimas con nombres y apellidos que muchos historiadores mienten y que el único estudio serio es el de los Hermanos Salas Larrazabal

 

Estamos en el momento más difícil para poder seguir manteniendo el periodismo independiente, veraz y patriota de La Tribuna de España. Vamos ya camino de 3 años de existencia, plantando cara al adoctrinamiento y la falsedad en la información y soportando todo tipo de ataques de «las cloacas del Estado» y de los poderosos, y viviendo toda clase de penurias. Pero ahora La Tribuna de España podría desaparecer acosada por querellas y gastos judiciales. Necesitamos tu ayuda económica URGENTE si quieres que mantengamos este periodismo. Haz tu ingreso en la cuenta corriente
BANKIA

ES5420386206236000029281

 

En el primer capítulo, he expuesto las intenciones de una extrema izquierda resentida que pretende encontrar la dignidad y la justicia democrática sacando el cadáver del General Franco del Valle de los Caídos; pero también quiere hacer lo mismo con José Antonio, que sí fue una víctima, o quitar cualquier placa o monumento a asesinados por milicianos del Frente Popular a la vez que van dedicando calles y poniendo placas a los verdugos de aquellos -como si el camino de la reconciliación y de la “dignidad” fuera ofender al enemigo en lugar de reconocer las culpas y pedir perdón por los crímenes que cometieron sus antepasados (PSOE, IU, PNV y ER son partidos de izquierda que tienen actualmente representación parlamentaria que antes y durante la Guerra Civil asesinaron a mucha gente inocente)-.

https://www.lanuevatribuna.com/2019/09/franco-la-historia-frente-a-la-memoria-1/

En este capítulo voy a abordar un tema mucho más delicado, voy a intentar dar luz a las cantidades de víctimas de uno y otro bando con el máximo respeto y rigor histórico. La Guerra Civil ha dejado unos resentimientos a los que los historiadores no han podido ser ajenos y han entrado en una más que vergonzosa guerra de cifras con escandalosas diferencias y exageraciones. Todas las victimas merecen ser honradas y respetadas; pero dada la manipulación mediática en pro de ciertos oscuros propósitos denunciados en el artículo anterior me obliga también a ser muy claro sobre lo que son víctimas y lo que no lo son.

La memoria histórica es subjetiva, cada uno tiene la memoria transmitida por los suyos, de ahí que la memoria que nos quieren imponer no es historia, es solo su memoria: la de los herederos del Frente Popular. Su proyecto tiene necesidad de un genocidio para la descalificación sin paliativos del bando nacional y de la España de Franco; necesitan alcanzar la legitimidad de una falsa democracia Republicana y de un revolucionario y asesino Frente Popular con los que nuestra extremada izquierda quiere conectar para convertir el pasado en presente. De ahí el interés de reavivar el debate de las victimas sacando cifras de la chistera a la vez que descalifican a quienes las estudiaron con todo rigor.

Caídos por Dios y por España. Altura, un pequeñito pueblo de la provincia de Castellón

Ante un propósito reconciliador, siempre utilizaré frases reconciliadoras como “Todos fueron culpables”. Pero ante las indecentes mentiras que vierten medios de comunicación, políticos y pseudohistoriadores marxistas con la finalidad de imponer una verdad fabricada, no tengo más remedio que, sin tapujos, contar la verdad histórica, en la que ni en culpabilidad, ni en cantidad, ni en crueldad fueron lo mismo los rojos que los azules; entre otros motivos porque los nacionales casi siempre realizaban su represión tras haber sido testigos de las atrocidades cometidas por los revolucionarios, por lo tanto, la mayor parte de esas ejecuciones sumarísimas las realizaban contra los culpables de otras peores cometidas contra gente inocente cuyo delito era ser religioso o católico practicante y que, desgraciadamente, hoy la iglesia en muchas poblaciones permite cobardemente que les quiten la placa de caídos por la fe.

 

Las víctimas: guerra de cifras 

 

Desde el final del franquismo han proliferado autores que, con parcial ánimo revisionista, inclinan del lado de los sublevados la balanza de los crímenes cometidos durante la contienda civil. El nuevo relato requiere de victimismo y estos historiadores de corte marxista se han dedicado a enredar con las cifras con el objetivo de demostrar que los azules mataron mucho más que los rojos. Sin investigación alguna y con el único propósito de crear confusión, multiplican las ejecuciones en el bando nacional a la vez que las restan en el bando republicano. Entre estos -más novelistas que historiadores- podemos destacar al Inglés Paul Preston con una cifra cercana a los 100.000 represaliados republicanos mientras que se queda en los 50.000 nacionales; al español Ángel Viñas que eleva la cifra de republicanos ejecutados a 150.000, manteniendo la de 50.000 para los nacionales. El hispanista americano Gabriel Jackson baja a 20.000 los muertos por represalias rojas elevando a 200.000 las represiones realizadas por los Nacionales y por último, el más exagerado es Ramón Sender que habla de la friolera cifra de 750.000 ejecuciones en zona nacional.

Fusilamientos. Genocidio de Paracuellos

A estos hay que añadir toda una serie de historiadores universitarios que mantienen una fuerte ideologización, cocinan argumentos y hacen juegos de magia con las cifras de las víctimas; entre ellos podemos destacar a Alberto Reig Tapia y su libro “Ideología e historia: sobre la represión franquista y la guerra civil”, o a los autores de  “Víctimas de la guerra civil”, (Julián Casanova, Josep María Solé i Sabaté, Joan Villarroya y Francisco Moreno), coordinados por Santos Juliá.

Genocidio de Paracuellos del Jarama. Un responsable: Santiago Carrillo

Y, por último, citemos a los investigadores de fosas de cementerio y cunetas que recuentan a la estima y con independencia de si se trata de combatientes o no, represaliados o no, de un bando o del otro, todo va al mismo saco, todo vale para sus cifras. No es que no existan fosas comunes ni muertos en las cunetas, las hay; las fosas comunes son utilizadas en cualquier guerra y lo de asesinar en las cunetas fue utilizado por ambos bandos, pero especialmente por el republicano. La izquierda consigue la credibilidad de los ignorantes en la afirmación repetida machaconamente de que España es el segundo país con más fosas comunes del mundo después de Camboya. Gran barbaridad que claramente no tiene en cuenta a la Rusia de Stalin, a la China de Mao, a la Polonia bajo el yugo Soviético, a la matanza de Hutus a Tutsis y viceversa en Ruanda, el genocidio Armenio, el Ucraniano, Vietnam, cualquier país de Europa durante la II Guerra Mundial (…). Imposible saber con certeza el puesto que ocupamos, porque no existe ningún estudio al respecto que además es prácticamente imposible de realizar, pero sobre todo porque las cifras que venden de esos enterramientos en España son inventadas y la mayor parte de esas fosas fueron para enterrar a los asesinados por los republicanos, pero estos indecentes desvergonzados, cuando encuentran una de estas la vuelven a cubrir porque no es contemplada por la sectaria ley de Memoria Histórica. Ya han ocurrido varios ejemplos de esta canallada, como los hallazgos: en Figuerola d’Orcau en la provincia de Lérida, las del acuartelamiento de la BRIPAC en Alcalá de Henares, las del municipio de Camuñas (Toledo), en la Villa Sana de Mena (Burgos) o en Borriol (Castellón).

El caso más disparatado y ridículo es el gran osario descubierto en un barranco de Órgiva (Granada, agosto, 2003). Se difundió en la prensa la noticia sensacional de una especie de Paracuellos franquista, una enorme fosa común de exterminio de rojos, mostraron a supuestos testigos que recordaban los camiones cargados de “hombres, mujeres y niños”, a quienes mataban y hacían caer a la zanja, echándoles cal viva. Los de la “memoria” clamaban piadosamente que sólo buscaban “el respeto a las familias” de los fusilados. El ayuntamiento acordó erigir un gran monumento, se subvencionaron las excavaciones con 55.000 euros (…), hasta que se descubrió la triste realidad que el periódico El País anunció en una pequeña noticia del interior: “Los restos óseos hallados el pasado sábado son, según los forenses, de origen animal de cabras y perros”.

Pero todos estos historiadores nostálgicos de las revoluciones comunistas, a la hora de inventar sus cifras deberían al menos conocer los límites que en cuanto a fallecidos violentamente han establecido el INE y algunos estadistas y demógrafos como el Doctor Villar Salinas y el profesor Jordi Nadal que, utilizando métodos científicos que estudian factores como la mayor mortalidad por enfermedades en tiempo de guerra, la escasez de nacimientos y la emigración entre otros, determinan la cantidad de muertes violentas durante la guerra. Sus estudios realizados por separado concretan unas cifras comprendidas entre 250.000 y 300.000 víctimas violentas en total, ya sea en combate, bombardeo o represión; muy lejos del millón de muertos con la que José María Gironella titulaba su novela. Solo con estas conclusiones podemos afirmar que todos estos autores no dicen la verdad, ya que con tanta represión Franquista no queda espacio para los fallecidos en combate o en bombardeos.

En el Santuario Nacional de la Gran Promesa de Valladolid, se conserva un documento de inmenso valor histórico: las listas por provincias de las víctimas de la Guerra Civil que fueron asesinados por los republicanos, elaborado por la iglesia católica tras la aportación de los nombres de las víctimas en cada una de las parroquias. La cifra de los relacionados es de 113.178. Por lo abultado de la cifra tiendo a pensar que algunas parroquias darían también los nombres de fallecidos en combate o bombardeos del bando nacional y no solo los represaliados, ya que esta cifra también pondría en apuros los citados estudios demográficos. César Vidal en su libro “Checas de Madrid: Las Cárceles republicanas al descubierto” relaciona por provincias este estudio y en un anexo relaciona con nombres y apellidos los 11.705 de la provincia de Madrid.

En mi opinión las cifras más aproximadas son las que proporcionan los hermanos Ramón y Jesús Salas Larrazábal publicadas en su libro “Pérdidas de la Guerra” de 1977, en donde concluyen que las victimas totales fruto de la violencia, incluidos los extranjeros, las guerrillas Maquis y los represaliados en la posguerra fueron 296.944 víctimas.  El Trabajo de los Hermanos Salas Larrazábal es el más completo a nivel nacional y muchos otros investigadores sin vinculación política toman los métodos y los datos de este bestial trabajo de campo como base para sus investigaciones corrigiendo sensiblemente sus cifras. Para contabilizar víctimas, los hermanos Salas Larrazábal consultaron los registros civiles de toda España sobre la base de que todas las muertes ocasionadas por la guerra, con demora o no, terminan siendo registradas y que en los registros, además de la fecha, también se anota la causa del fallecimiento. A parte de las víctimas por combates y bombardeos, que no provocan ninguna controversia, señalan que la represión roja provocó 73.297 víctimas, que fue muy superior a la de los franquistas con 57.663, cifra donde se incluyen también las ejecuciones fruto de los juicios de posguerra. Para desprestigiar este magnífico trabajo, sus detractores no encuentran otro argumento que afirmar que Ramón fue un oficial del ejército franquista y que estaba al servicio de la propaganda Franquista –piensa el ladrón que todos son de su condición-.

Pero la confirmación de que las cifras de Salas Larrazábal son cercanas a la realidad la encontramos cuando comparamos sus cifras provinciales con estudios de historiadores que estudian su provincia o su región y que  acompañan sus cifras con los nombres y apellidos de las víctimas, única manera de corroborar la certeza de sus investigaciones. Para realizar la prueba del algodón me voy a centrar en el Historiador de Castellón de la Plana D. Germán Reguillo Simón y su libro “Tiempos Amargos”. Reguillo ha realizado un estudio exhaustivo de toda la provincia de Castellón durante la guerra. Pueblo por pueblo relaciona con nombres y apellidos, alcaldes, corporación municipal, miembros de los distintos partidos políticos y organizaciones sindicales y las victimas de uno y otro bando de la localidad. En un trabajo impresionante ha relatado los hechos de la guerra en la Provincia de Castellón con una neutralidad exquisita, tras haber consultado registros civiles, expedientes de la Causa General, ayuntamientos y protagonistas. En un anexo en CDROM relaciona todas las victimas con nombres y apellidos, profesión, partido político, orden religiosa en el caso de los religiosos y, momento, lugar y circunstancias de la ejecución. Imposible dudar de la veracidad de su trabajo. Las cifras de Reguillo, avaladas por la relación nominal, son de 2.288 víctimas del bando nacional y algo menos de la mitad 1.046 las víctimas republicanas. Si las comparamos con las de Salas Larrazábal para la provincia de Castellón encontramos que ambas son ligeramente inferiores 2.070 y 879, con unas diferencias de 218 en el primer caso y 167 en el segundo, que entran dentro de la lógica de que las de Reguillo, al ser un trabajo limitado a una única provincia, es más exhaustivo. Como ejemplo de los datos que acompañan a cada víctima del extraordinario trabajo de Reguillo sirvan los datos de un tío mío y del mismo modo Reguillo relaciona todas las víctimas de uno y del otro bando:

“VICIEDO MORENO, ANTONIO: Carmelita Descalzo. 35 años. Natural de Vila-real. Se ordenó sacerdote en el año 1926, en el Desierto de las Palmas. Ludovico del Corazón de Jesús. Estudió teología en el Monte Carmelo (Palestina). Refugiado en la casa de su hermana en Vila-real. + 12.11.36, a dos km de Vila-real por la carretera de Onda, a eso de las nueve de la noche. Enterrado en el cementerio de Bechí y después de la guerra trasladado al Panteón de los Mártires del Desierto de las Palmas.”

Otra obra igual de minuciosa, que corrobora la cercanía a la verdad de los datos de Salas Larrazábal para toda España es la obra de un republicano que, por serlo, solo trata las victimas republicanas. Se trata de la obra “Els afusillaments al País Valenciá” de Vicent Gabarda. Gabarda al igual que Reguillo expone una relación con nombres y apellidos por poblaciones de la Comunidad Valenciana (que no país) y resume en cifras por provincias las victimas republicanas. Tanto un trabajo como el otro contiene sin error todas las víctimas de mi ciudad, Villarreal, por lo que no encuentro motivos para pensar que se hayan equivocado en otras poblaciones. Vicent Gabarda en su libro, proporciona la cifra de 1.014 víctimas republicanas en Castellón y 2.980 para Valencia, cifras muy próximas a las de Salas con 879 para Castellón y 2.760 para Valencia, con desviaciones de 135 para Castellón y 220 para Valencia, dentro de la normalidad en un estudio tan complejo como este.

Un caso muy curioso lo encontramos en Josep M. Solé y Sabaté historiador que he clasificado anteriormente dentro de esa ola izquierdista que multiplica las victimas republicanas, como así hace en el libro que realizó con cuatro autores más “Víctimas de la guerra civil”, pero  que en su tesis doctoral “La repressió Franquista a Catalunya de 1938-1953”, en un trabajo muy similar al de Gabarda, pero para Cataluña, contabiliza 3.385 fallecidos a consecuencia de la represión Franquista, 1.561 menos, que el denostado por Franquista, Salas Larrazábal, que entre las cuatro provincias catalanas computa 4.946 víctimas.

A la vista de estas comprobaciones ¿por qué debiéramos de pensar que son falsas para otras comunidades? o ¿por qué debieran ser ciertas las de quienes sin indicar el método de sus investigaciones y sin relacionar nominalmente las victimas proporcionan unas cifras exageradas de víctimas republicanas y bajan las nacionales que están plenamente comprobadas?

Los sacrilegios de «los rojos» que hoy olvida la Conferencia Episcopal española y el propio Vaticano

También la represión republicana fue distinta en crueldad, donde no voy a entrar en detalles para no herir la sensibilidad de muchos lectores, ya que los rojos se recreaban torturando muy especialmente a los religiosos/as y disponían como ya hemos mencionado de cárceles especiales de tortura denominadas Checas; mientras que la forma normal de represión de los nacionales era el simple fusilamiento, muchas veces tras ser encontrados culpables de crímenes en un juicio.

Y, por último, en cuanto a “culpabilidad”, decir que la mayoría de las víctimas del bando nacional ni siquiera pertenecían a ningún bando, se trataba de gente inocente que no había cometido delito alguno y que los asesinaban fruto del odio a la fe o a la clase social a la que pertenecían, entre otros motivos. En cambio, muchos de los represaliados del bando republicano eran milicianos que habían asesinado a los anteriores, de ahí que seamos muy benévolos al contabilizarlos como víctimas.

En “La Causa General” que actualmente se conserva en el Archivo Histórico Nacional de España, en Madrid, se pueden consultar todos los juicios que, por delitos de sangre se realizaron en la posguerra, pudiendo estudiar: los condenados a muerte, los motivos de dichas condenas y las ejecuciones realizadas. Por eso, la extrema izquierda española (en la que incluyo a muchos del PSOE que se consideran herederos del Frente Popular), quiere deslegitimarla; única forma de que algunos verdugos puedan pasar a la categoría de víctimas y las victimas por la fe desaparezcan definitivamente.

Desmontado el genocidio Franquista y demostrado que más bien tuvimos un genocidio Marxista, en la III parte abordaremos las mentiras sobre la posguerra.

 

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here