«Juan Carlos I le debe el trono a Franco». Esta certeza rotunda la manifiesta el coronel Diego Camacho, exagente del CESID y militar con innumerables servicios a la patria, que también afirma: «la sentencia del Tribunal Supremo es la prueba de la quiebra del Estado de Derecho en España»

 

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La discutible sentencia unánime del TS

 

La sentencia del TS, sobre la exhumación del general Franco, no me ha sorprendido pues hace tiempo perdí la confianza en su neutralidad. Sobre todo, en la sala de lo contencioso administrativo. La pérdida de credibilidad tiene su origen en el nombramiento de los magistrados, algunos carecen de la carrera judicial, en su lugar son “juristas de reconocido prestigio” eufemismo inventado por los partidos para nombrar a su gente de confianza. El reconocimiento de ese supuesto prestigio se lo conceden las cúpulas de los partidos, no un órgano independiente. Es el asesinato de Montesquieu, al que se refería Guerra cuando era vicepresidente del gobierno. La independencia de estos magistrados es muy cuestionable, sobre todo si estos juristas tienen aspiraciones como presidir una sala, o dar el salto al TC.

Un poder judicial dependiente de los partidos genera sentencias vicarias del interés político, no del interés general que es la interpretación neutral y equitativa de la ley. Cuando en el asunto a tratar predomina lo político a cualquier otra consideración, la presión sobre los jueces se incrementa, pues una sentencia contraria deja al ejecutivo en una posición desairada, sobre todo si este ha sido el iniciador del procedimiento.

En estos meses atrás hemos sido testigos de esas presiones políticas a: abogados del Estado, fiscales y jueces. En algunos casos se han saldado con el cese o con el traslado del resistente. Conde Pumpido, cuando era Fiscal General, lo ilustraba como no dudar en manchar las togas con el polvo del camino. De esos polvos estos lodos. Ahora sigue con su peculiar interpretación de la ley, pero desde el TC.

Ha sido la ley de memoria histórica el instrumento del que se han valido para tratar de legalizar este desafuero. Un texto antidemocrático, la memoria es una facultad personal, y la historia es un proceso de investigación abierto que no puede hacerse permanente, como es el Corán. Semejante iniciativa legal solo puede activarse en un país de vocación totalitaria. Franco nunca se atrevió a tanto. De Sánchez no puede esperarse nada, pues sus irregularidades en la obtención de su título de doctor le invalidan, nadie hizo nunca en España tanto daño a la universidad, a la excelencia y al mérito como ha hecho el presidente en funciones.

Esta ley unida al asesinato de Montesquieu, al que antes me he referido, es la prueba de la quiebra del Estado de Derecho en España. Sin él la democracia es imposible. No es de recibo, que esa sentencia cree un espacio de excepcionalidad para la familia del general y que los nietos tengan menos derechos que el resto de los españoles. En base a un razonamiento esperpéntico “por ser un personaje público”. Lo sería si viviera, hoy es solo un personaje histórico.

Esta exhumación ofende el respeto que se debe a los muertos, sobre todo cuando no has logrado derrotarle en vida. Resucita los fantasmas de la última guerra civil, sobre los que habían triunfado los dos bandos al aprobar la ley de reforma política, la ley de amnistía y la Constitución y todo ello por un dudoso rédito electoral. En definitiva, es un acto impropio de un caballero, don Quijote no lo hubiera permitido. Tampoco lo aceptó el emperador Carlos cuando le ofrecieron exhumar a Lutero.

A pesar de su sentencia unánime, no han conseguido evitar que hayan trascendido las presiones de la Moncloa para lograrla. Han servido a sus jefes (PSOE, PP y PNV) lo que deseaban, sus horizontes como “juristas de reconocido prestigio” es amplio y con futuro. No es que sienta un profundo desacuerdo con su dictamen, que también, sino que como ciudadano esperaba mucho más de esa sala del Tribunal Supremo, la esperanza siempre sigue ahí a pesar de todo.

La postura, de perfil, del Vaticano es deplorable y pragmática. Es deplorable pues recuerdo que quien bautizó de Cruzada al Alzamiento, fue la Iglesia. Estos años ha estado beatificando cientos de sacerdotes y monjas asesinados en esos años de plomo. Es pragmática, pues creen que al actuar así el Poder será más comprensivo con sus intereses.

La Corona debería dar testimonio, pues la monarquía parlamentaria es el último servicio del general a España. Con estas líneas yo estoy dando testimonio y en el tiempo de su muerte yo solo era un capitán de su Guardia, Juan Carlos I le debe el trono.

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