El genocidio de Paracuellos: «la otra» memoria histórica

 

 

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El 7 de Noviembre de 1936 comenzaron las sacas de presos de las cárceles de Madrid para perpetrar la mayor masacre de la guerra civil, más de 4000 personas iban a ser asesinadas por milicianos del Frente Popular. Sólo ese día fusilaron a 550 presos en Paracuellos del Jarama (Madrid) y 414 en Soto de Aldovea (Madrid). Las víctimas no habían sido juzgadas y las absurdas acusaciones por las que fueron encarcelados eran ser religioso, católico practicante o ser derechistas. Entre los asesinados ese día podemos encontrar al famoso General Capaz que ocupó Ifni en la Guerra de Marruecos, el General Araujo, el Director del diario la nación, el  padre del conocido Historiador Ricardo de la Cierva que era abogado en la embajada de Noruega y detenido por orden del propio director General de Seguridad y el Diplomático Noruego Félix Schlayer de cuya posible ejecución fue avisado el propio Presidente de la Republica D. Juan Negrín, que no quiso hacer nada a pesar de ser un diplomático extranjero y en general sacerdotes,  religiosas, laicos, niños, padres y madres de familia, jóvenes … todos ellos inocentes.

También hoy 7 de noviembre es el aniversario de otra luctuosa efeméride, pero esta vez en 1938, cuando tres aviones del ejército republicano bombardearon el pueblo cordobés de Cabra, lugar donde años después nacería nuestra vicepresidenta del Gobierno Dª Carmen Calvo, que por cierto, no ha pedido perdón por el hecho de ser aviones del frente popular, que bombardearon el mercado de la población, causando la muerte a 107 personas, y de que entre los fallecidos, como no podía ser de otro modo, había mujeres y niños

Pero como el terror rojo era generalizado en toda la España frentepopulista, también es el aniversario entre otros crímenes perpetrados por toda España este funesto día: el asesinato en 1936 de 7 hermanas de la visitación de María en Vallecas (Madrid), el asesinato del Presidente del Periódico de las Provincias de Valencia D. Jose Burriel García Polavieja, o el de un simple labrador en Bejís (Castellón) D. Vicente Lázaro Pérez o el Sacerdote Jesuita de Almazora (Castellón) D. Vicente Fonfria Gari, asesinado en la playa del Saler (Valencia)

También es casualidad que justo ayer la iglesia católica celebrara la memoria de los miles de mártires españoles asesinados por mantener su fe durante la Guerra Civil española y beatificados en 2007. Ninguno de ellos apostató. Durante la contienda fueron asesinados cobarde y cruelmente: 13 obispos, 4184 miembros del clero secular y seminaristas, 2365 religiosos y 283 monjas, en una persecución religiosa sin precedentes.

Pero a pesar de que tantas cosas ocurrían en un solo día en la retaguardia republicana de 1936, a nuestro presidente del Gobierno en funciones, para apelar a la reconciliación entre españoles, el mismo día de la exhumación del General Franco, que salvó a España de tantos crímenes revolucionarios perpetrados por socialistas, anarquistas y comunistas, no se le ocurre otra cosa que rendir homenaje a las denominadas 13 rosas, que, de serlo, no tenían pétalos y sí muchas espinas. Estas mujeres tenían penas de muerte por el delito genérico de rebelión, pero es en sus expedientes judiciales donde se puede leer que crímenes hicieron durante esa rebelión para que fueran condenadas a muerte. En principio, sin entrar en los detalles de sus expedientes, estas mujeres pertenecían e incluso ocupaban cargos relevantes en las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU), que curiosamente regentaban Checas en Madrid en donde se torturaba y asesinaba a personas inocentes y que también, ¡Oh casualidad!, miembros de las JSU participaron de modo directo y activo en la masacre de Paracuellos del Jarama que hoy nos ocupa. organización que dirigía D. Santiago Carrillo, el insigne “Marqués Paracuellos” y hoy considerado un honrado político de la transición con calles dedicadas en algunas ciudades de España

Ya hubiera podido el Señor Sánchez, si de verdad quiere la reconciliación de un pasado que se encontraba olvidado y que él mismo ha removido por intereses electorales, haber visitado las tumbas de las 23 monjas adoratrices fusiladas por su fe el 10 de noviembre de 1936 en las tapias del cementerio del Este, actualmente de la Almudena, o a cualquiera de las 283 monjas asesinadas por los milicianos del Frente Popular, mujeres inocentes, piadosas y bondadosas, muchas de ellas torturadas y violadas; y allí pedir perdón públicamente por la partición directa de su PSOE en aquellos asesinatos.

No hay que olvidar que el Frente Popular era una coalición electoral constituida, entre otros partidos de izquierda, por el Partido Comunista (hoy integrado en Podemos), el PSOE e izquierda Republicana de Cataluña; partidos con pasado criminal, que, sin pedir perdón por los crímenes cometidos, se presentan el próximo domingo a las elecciones generales

No es de recibo que el PSOE, que debiera haber migrado a una moderna y democrática socialdemocracia, no quiera cortar el cordón umbilical que le une al PSOE de aquellas masacres marxistas. Y en lugar de pedir perdón por Paracuellos, por las checas y por tantos otros crímenes, siga empeñado en condenar al que fue su enemigo y en blanquear ese facineroso pasado.

La izquierda actual está muy interesada en mostrarnos un bando republicano, bueno, democrático y  legal, que  puso las víctimas asesinadas por unos militares malos, golpistas, fascistas y crueles, y por tanto les gustaría borrar este episodio de la guerra civil española que aunque el más numeroso, por desgracia no fue un caso aislado, sino más bien lo habitual en la retaguardia republicana , que, en cifras, según el historiador Ramón Salas Larrazabal,  el denominado “terror rojo” en España alcanzó la friolera de 73297 víctimas, todas ellas con el denominador común de ser asesinados sin juicio condenatorio previo.

El odio y la radicalidad inoculada en sus correligionarios, por políticos irresponsables como Francisco Largo Caballero, Indalecio Prieto, Santiago Carrillo, o Juan Negrín , desembocó en aquellas matanzas en donde el único delito era la ideología política o las creencias religiosas.

La matanza de Paracuellos comienza tras la huida del gobierno republicano a Valencia, ante el temor de que la derecha pudiera actuar ante el cerco del ejército nacional a la capital como una quinta columna que ayudara desde dentro a la conquista de Madrid.

Tras la liberación de El Alcázar de Toledo el ejército nacional se encaminó hacia la capital. Ante el temor de quedar aislados y de que cayera la capital, el 6 de noviembre el Gobierno republicano cogió las maletas y se marchó por la carretera de Valencia. El gobierno lo presidía Francisco Largo Caballero (PSOE), apodado por partidarios y detractores el «Lenin español». Largo Caballero dejó al general José Miaja Menant con la misión de defender Madrid y organizar una Junta de Defensa de Madrid.

La Junta de Defensa de Madrid se reúne por primera vez a las 18 horas del 7 de noviembre. El veterano general Miaja la preside y la distribución de consejerías queda de esta guisa: Secretariado Fernando Frade (PSOE); Guerra  Antonio Mije (PCE); Orden Público Santiago Carrillo (Juventudes Socialistas Unificadas, PCE); Industrias de Guerra Amor Nuño (CNT); Abastecimientos Pablo Yagüe (UGT); Comunicaciones  José Carreño (Izquierda Republicana); Finanzas  Enrique Jiménez (Unión Republicana); Información y Enlace Mariano García (Juventudes Libertarias); y Evacuación  Francisco Caminero (Partido Sindicalista).

El mismo 7 de noviembre que se constituye la Junta de Defensa de Madrid, arrancan los asesinatos de Paracuellos. Sobre la cuatro de la madrugada según César Vidal, comienza la lectura de nombres que van a ser objeto de la barbarie. Se les exige que bajen con todo lo que posean al centro de la galería y se coloquen en orden de llamada. Se les atan las manos con bramante por parejas y se les sube en autobuses del servicio urbano de Madrid, unos 60 por autobús, para ser conducidos al lugar del sacrificio.

Aunque no todas las sacas de presos de las cárceles madrileñas tuvieron su desenlace en los aledaños del pueblo de Paracuellos, su nombre reúne y resume el conjunto de fusilamientos masivos que tuvieron lugar en Madrid a lo largo del mes de noviembre y diciembre de 1936, Militares tachados de fascistas, religiosos por el delito de serlo, políticos no revolucionarios, intelectuales no alineados con la causa revolucionaria, ciudadanos acusados de ir a misa o ser creyentes… Eran los enemigos de la revolución, personas que estorbaban en el camino al objetivo último de los autores de estas masacres: la dictadura del proletariado.

Por entonces los presos acusados de fascistas se agrupaban en cuatro prisiones, la cárcel Modelo, la de San Antón, Porlier y Ventas. El número total se aproximaba a una cifra comprendida entre ocho mil y diez mil presos.

En el lugar de los fusilamientos se encuentran unas zanjas cavadas por los lugareños, donde caerán los fusilados. Tras bajar de los autobuses los dividen en pequeños grupos de entre 10 y 20 prisioneros. Los milicianos van empujando por turno a los pequeños grupos hasta situarlos frente a las fosas donde van a ser ametrallados. Según testigos ni siquiera gastan munición con los malheridos, una vez fusilados, vivos y muertos son empujados a la fosa donde quedaran sepultados.

Novela de nuestro director, Josele Sánchez, en la que demuestra documentalmente la máxima responsabilidad de Santiago Carrillo en el genocidio de Paracuellos del Jarama

Sólo el 7 de noviembre fueron ametrallados en Paracuellos alrededor de un millar de presos «sacados» de la Modelo. Esta era una cárcel diseñada para albergar precisamente a mil presos, pero en aquellos días de la guerra civil se hacinaban en ella 5.000 hombres.

Y el terror en las cárceles se prolongó hasta el 4 de diciembre, cuando tomó posesión como director general de prisiones una persona digna de tal cargo, el anarquista sevillano Melchor Rodríguez García, apodado el «Ángel Rojo», que con su actuación protectora salvó miles de vidas.

Antes del 7 de noviembre las fuerzas de la República ya habían asesinado a miles de enemigos a través del sistema de checas. Las checas eran centros de detención, tortura y condenación importados de la Rusia revolucionaria. En Madrid llegaron a existir al menos 226 checas, controladas por los partidos y sindicatos que encarnaban el Frente Popular. La más temida de todas estas checas era el llamado Comité Provincial de Investigación Pública (CPIP), también conocido como la checa de Bellas Artes y luego de Fomento. Esta checa fue creada en agosto por el Director General de Seguridad, Manuel Muñoz Martínez,

Queramos o no D. Santiago Carrillo Solares, como titular de Orden Público, es uno de los máximos responsables de aquellos acontecimientos y que de ningún modo es posible que lo ignorara. Pero tampoco es el único, nombres como Manuel Muñoz Martínez, Segundo Serrano Poncela o Mihail Koltsov tuvieron también su cuota de protagonismo.  No existe documentación expresa que clarifique quien y como se emitieron las ordenes, pero en cualquier caso, es más que evidente que fueron “los comunistas” los que planearon las sacas de noviembre y Santiago Carrillo y José Cazorla los encargados de ponerlas en marcha.

La influencia soviética la encontramos en un siniestro personaje Mihail Koltsov, agente de Stalin en nuestro país, el cual, ante la amenaza de la toma de la capital por las tropas de Franco y a fin de evitar la unión de los presos a los rebeldes, debió de aconsejar a los responsables de seguridad y al partido comunista el exterminio de los presos de Madrid,

Las cifras de la matanza de Paracuellos aún hoy no son unánimes entre los historiadores. Las más fiable por acompañarla de un listado con nombres y apellidos son las dadas por César Vidal, en su ensayo Paracuellos – Katyn, en donde ofrece una relación de 4.021 asesinados. En cuanto a los asesinados en Madrid Cesar Vidal habla de unos 11000, mientras que el también prestigioso historiador Ricardo de la Cierva, que con diez años sufrió el asesinato de su padre en Paracuellos este 7 de Noviembre, señalaba una cantidad global de 10.000 asesinados en esta población. Algo menos apuntaban Antonio de Izaga (8.354) y Ramón Salas Larrazábal (8.300).

Para aquellos que siguen pensando que la guerra civil fue una contienda de buenos contra malos… Para aquellos que siguen pensando que todos los que luchaban con la República defendían la libertad y la democracia… Para aquellos que siguen pensando que el comunismo es una esperanza para la humanidad… En Paracuellos del Jarama tenéis la prueba palpable e imborrable de vuestra equivocación.

En el silencio de un mar de cruces, sobre las que reina la cruz blanca del cerro de San Miguel, reposan en el Cementerio de los Mártires de Paracuellos los restos de aquellas personas que entre el 7 de Noviembre y el 4 de Diciembre de 1936 sufrieron el odio de una ideología que hoy sigue empeñada en no reconocer sus crímenes nombrando la palabra “perdón”.

 

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