Con el Gobierno de España secuestrado, no debemos pensar que todo sigue un cauce de responsabilidad democrática hacia el 10 N. Se ha visto demasiadas veces el plumero de la farsa

 

 

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10 N: ¿los organismos del Estado al servicio sectario de Pedro Sánchez?

 

Sucede a los necios que aspiran a gobernar un país que con el ego crecido transparentan las verdaderas intenciones, a menudo sucias, que el poder ostentado sin dignidad obra a espaldas de la sociedad. En España, verbigracia,  es evidente la necedad y la suciedad del sanchismo por mucho que busquen sus mediocres como ensoberbecidos ministros disimularlas. Una cuestión  aparente es el escenario público en el que conviene desenvolverse con prudencia y otra las bambalinas ocultas de los entresijos de un Gobierno en funciones del que se sospecha todo tipo de trilerismo. Pero cuanto más se expresa  Pedro Sánchez en su afán de no descabalgarse del Falcon para después del 10 N, se constata su infame capacitación con la mentira más dimensionada en tanto mengua su imagen pública, ahíto de una deshonrosa osadía para incurrir en el ridículo más enojoso. Él mismo y su comparsa ministerial parecen cortados por el mismo patrón de picaresca y carencia de decencia a las que desgraciadamente nos hemos acostumbrado pese a la impacientada protesta de una España avisada: ¿la que pretende no dejarse engañar a pesar del pucherazo de las pasadas Elecciones Generales aprovechando la relatividad del moderno conteo establecido desde La Moncloa? Con un nuevo CIS de Tezanos a contracorriente de todas las encuestas, sería obligado no dar por hecho el juego limpio a sabiendas de que el avezado doctor cum fraude pretendió meterla doblada con fraude tras las cortinas durante las primarias del partido que lidera; quizá con las mismas trampas sutiles con que secuestró durante un tiempo hasta a la mismísima soberanía nacional donde se asientan nuestras garantía democráticas.

El uso sectario de los instrumentos del Estado ha caracterizado a un elemento que, sin ninguna vergüenza, protagoniza miserablemente una de las etapas más ruines para el desempeño del  gobierno de la Nación, con el uso partidista y la instrumentalización de los organismos del Estado,  incluso ya con influencia directa contra la independencia del poder judicial. Las últimas sentencias del Tribunal Supremo casualmente, será como tantas casualidades jurídicas, han favorecido las absurdas maniobras del sectarismo sanchista.

De la separación de poderes hace tiempo que sabemos del asesinato ideológico  de Montesquieu con la certeza de que la Justicia, presumiblemente independiente, había sido tomada por una ralea de serviles sectarios, facilitadores de componendas y encubridores de las corruptelas socialistas que durante décadas no han pasado inadvertidas por lo escandaloso de su descaro. Mención especial y quizá como pionerismo de corrupción de alto nivel con el beneplácito de una justicia conchabada, a una Rumasa expoliada en 1983 con un José María Ruiz-Mateos que después del calvario sufrido fue exculpado de toda imputación en 1996, convirtiéndose automáticamente la expropiación en un acto delictivo perpetrado desde las entrañas del Estado. En 1999 el Tribunal Supremo dictó dos autos por los que se debería haber devuelto el patrimonio saqueado a falta de una consolidación de balances que jamás se realizó. A veces la Justicia posee esos ramalazos temporales de apariencia independiente hasta que se ve fagocitada por presiones extrajudiciales. Así lo parece.

De esa inexistente separación de poderes, según para qué asuntos, existe mucha mano negra del PSOE que usa a los jueces de su misma cuerda para encubrir sus muchas felonías. Pero lo cierto es que hasta la llegada de Pedro Sánchez, el fullero por antonomasia de la política española, no se había mostrado mayor impudicia en el oportunismo y el ventajismo en que se reitera este recalcitrante ególatra que cree estar por encima del bien y del mal , precisamente por su carencia de escrúpulos a la hora de usar en propio beneficio cuantos estamentos trabajan a las órdenes manipuladoras del actual PSOE.

El escándalo por las declaraciones de hoy en una radio ideológicamente afín no ha sido menor y sí significativo para saber qué es lo que se cuece a nuestras espaldas de ingenuos ciudadanos. No es baladí, para la deducción de lo que realmente pergeña en las sombras Pedro Sánchez, que haya sugerido en la entrevista de RNE poseer control de la Fiscalía del Estado para conseguir apresar al prófugo Puigdemont; maniobra a mayor gloria de sus especulaciones de politicastro sin medida moral en el pulso político, tal y como ha sucedido con la exhumación de Franco convertida en un espectáculo  circense con el fin de sacar el que previsiblemente debería ser nulo rédito electoral. Luego el chapuzas, vividor a costa de las arcas públicas,  ha pretendido desdecirse y minimizar la indiscreción, cuando ya ha dado alas a la defensa del independentismo para justificar la persecución del Estado que denuncian los abogados de los golpistas.

Con todos los antecedentes, ese tráfago de incongruencia con el Gobierno de España secuestrado, no debemos pensar que todo sigue un cauce de responsabilidad democrática hacia el 10 N. Se ha visto demasiadas veces el plumero de la farsa. Craso error cometeríamos, con los precedentes de fullerismo en grado mayor que ha desarrollado Pedro Sánchez durante toda su nefasta carrera de oportunista sin honra, si llevados por el afán de la normalización que todo ciudadano de bien desea, se le considerara digno adversario en la liza electoral. Y de esos afanes incongruentes con la que está cayendo facilitaríamos un engaño más a los que sumar los muchos perpetrados por este Gobierno, ahora en funciones si no lo estuvo siempre en realidad, que cuando no muestra el carácter facineroso urdiendo todo tipo de tramas con que engañar al conjunto social, espera que se le perdone la ignorancia, la mediocre esencia del socialismo más rancio y el pufo continuado que nos obligan a tragar con el uso torticero de los estamentos, instituciones y organismos al servicio de los chanchullos de Pedro Sánchez. quien ha convertido La Moncloa en base de operaciones de una auténtica mafia política.

No hay más que escuchar al ministro de Fomento cuando justifica los cien mil parados añadidos en el INEM, con la esperanza del trabajador por las buenas gestiones del Gobierno para conseguirles un empleo. O contemplar a la palurda, indocta y buscavidas Adriana Lastra desgañitándose con el retorno del fascismo agitando las burdas conciencias de los lerdos que pueden creer a semejante vendeburras.

No es sospecha que el sanchismo ha intoxicado el Estado, más allá de lo que ahora sospechamos, y esperemos no tener que descubrirlo después del 10 N con otra perpleja España que todavía no ha advertido ser víctima de un gran engaño en un más que sospechoso y constante juego sucio para desmontar nuestro Estado de Derecho en pos de esa nación de naciones con que Pedro Sánchez, a saber de qué trastorno aquejado, seguirá negociando, siendo su apuesta de tahúr y manipulador España entera. El compinche José Félix Tezanos, si acaso, sabrá.

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